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SALMOS DE LA BIBLIA


SALMO 49

EL DINERO NO LO ES TODO

 Oigan bien esto, pueblos y habitantes de todo el mundo, lo mismo que los ricos que los pobres, lo mismo los poderosos que los humildes. Voy a hablar con sabiduría y expresaré pensamientos profundos; pondré atención a los refranes, y diré mi secreto al son del arpa.

Por qué voy a tener miedo cuando vengan los días malos, cuando me encuentre rodeado de la maldad de mis enemigos?

Ellos confían en sus riquezas y se jactan de sus muchos bienes, pero nadie puede salvarse a sí mismo ni pagarle a Dios porque le salve la vida.

¡No hay dinero que pueda comprar la vida de un hombre, para que viva siempre y se libre de la muerte!

Pues se ve que todos mueren por igual, lo mismo que los sabios que los tontos, y se quedan para otros sus riquezas. Aunque dieron su nombre a sus tierras, el sepulcro será su hogar eterno;

¡Allí se quedarán para siempre!

El hombre no es eterno, por muy rico que sea; muere lo mismo que los animales.

Así acaban los que en sí mismos confían; así terminan los que a sí mismo se alaban.

Para esa gente, la muerte es el pastor que los conduce al sepulcro como si fueran ovejas.

Cuando llegue la mañana, los buenos triunfarán sobre ellos; su fuerza irá decayendo y el sepulcro será su hogar.

Pero Dios me salvará del poder de la muerte, pues me llevará con él.

No te inquietes si alguien se hace rico y aumenta el lujo de su casa, pues cuando muera no podrá llevarse nada, ni su lujo le seguirá al sepulcro.

Aunque se sienta feliz mientras vive, y la gente lo alabe por ser rico, llegará el día en que se muera, y no volverá a ver la luz.

 

El hombre no es eterno, por muy rico que sea; muere lo mismo que los animales.

 


SALMO 53 ( 52 )

PERVECIÓN DEL HOMBRE

Los necios piensan que no hay Dios; todos se han pervertido,, han hecho cosas malvadas;

¡No hay nadie que haga lo bueno!

Desde el cielo Dios mira a los hombres para ver si hay alguien con entendimiento, alguien que busque a Dios. Pero todos se han desviado, todos por igual se han pervertido.

¡Ya no hay quien haga lo bueno!

¡no hay ni siquiera uno!

 

No tienen entendimiento los malhechores, los que se comen a mi pueblo como quien come pan, los que no invocan el nombre de Dios.

Aunque no hay haya razón para temblar, ellos temblarán de miedo, porque Dios esparce los huesos del enemigo.

Quedarán en ridículo, porque Dios los rechaza.

 

¡Ojala que del monte Sión venga la salvación de Israel!

Cuando el Señor haga cambiar la suerte de su pueblo, se alegrarán los descendientes de Jacob, todo el pueblo de Israel.

 


SALMO 54

ORACIÓN EN QUE SE PIDE LA AYUDA DE DIOS

 

Sálvame, Dios mío, por tu nombre!

¡Defiéndeme con tu poder ¡

Escucha Dios mío, mi oración; presta oído a mis palabras, pues gente arrogante y violenta se ha puesto en contra mía y quiere matarme.

¡No tienen presente ha Dios !

Sin embargo, Dios me ayuda; el Señor me mantiene con vida.

El hará que la maldad de mis enemigos se vuelva contra ellos mismos.

 

¡Destrúyelos Señor, pues tu eres fiel!

 

Yo te ofreceré sacrificios voluntarios y alabaré tu nombre, porque eres bueno, porque me has librado de todas mis angustias y he visto vencidos a mis enemigos.

 

 

SALMO 76

Dios es conocido en Judá; su nombre es famoso en Israel.

Sutemplo está sobre el monte Sión, en Jerusalén; allí rompió las armas de guerra: escudos, espadas, arcos y flechas.

 

¡Tú eres glorioso, oh Dios!

¡Eres más grandioso que las montañas eternas!

Los más valientes fuerón despojados; los más fuertes nada pudierón hacer; ¡durmierón su últim sueño!

Ni aún moverse el carro y el caballo cuando tú, Dios de Jacob, los amenazas.

 

¡Tú eres terrible!

¿Quién puede estar de pie delante de tí! cuando se enciende tu furor?

Desde el cielo das a conocer tu juicio; la tierra se queda quieta, oh Dios


SALMO 88 ( 87 )

Señor mi Dios y Salvador, día y noche te pido ayuda, ¡acepta mi oración!  ¡atiende a mi plegaria!

 

Tanto es el mal que ha caído sobre mí, que me encuentro al borde de la muerte; pues me he quedado sin fuerzas!

Estoy abandonado entre difuntos; soy como los que han muerto en combate y ya han sido enterrados; como los que han perdido tu protección y ya han sido olvidados por ti. Me has echado en lo más hondo del hoyo, en lugares oscuros y profundos.  Has descargado tu enojo sobre mí, ¡me has hundido bajo el peso de tus olas!    Has hecho que mis amigos me abandonen; me has hecho insoportable para ellos.

¡Soy como un preso que no puede escapar!  De tanto llorar me estoy quedando ciego.  Todos los días clamo a ti, Señor, y a ti levanto las manos!

¿A caso se hablará de tu verdad y de tu amor en el sepulcro, en el reino de la muerte?

En las sombras de la muerte, donde todo se olvida, ¿habrá quién reconozca tu rectitud y maravillas?

Pero yo, Señor, a ti clamo; de mañana elevo a ti mi oración. 

¿Por qué me desprecias, Señor?

¿Por qué te escondes de mí?

Desde los días de mi juventud he estado afligido y al borde de la muerte; he soportado cosas terribles de tu parte, y ya no puedo más. Tu furor terrible ha pasado sobre mí, y me ha vencido; me rodea por completo a todas horas, como una inundación. Has alejado de mí amigos y compañeros, y ahora sólo tengo amistad con las tinieblas.